¿Cuál es la inteligencia artificial más malvada del cine?
Viernes, 14 de enero de 2022

Estas son las supercomputadoras malignas que más pesadillas nos han dado en la gran pantalla.

HAL 9000 ('2001: Una odisea del espacio', 1968).

Tan gélido como corresponde a una creación de Stanley Kubrick (su otro papá fue el escritor Arthur C. Clarke), HAL entró en funcionamiento el 12 de enero de 1992, según el cine. Así pues, hoy celebramos su cumple recordando que masacrar humanos hibernados de camino a Júpiter se le daba tan bien como cantar el 'Daisy Belle' cuando Keir Dullea le desinstalaba el sistema operativo. 

Madre ('Alien, el octavo pasajero', 1979).

Comparada con otras IA de este reportaje, Madre peca de falta de ambición: en vez de aspirar a crear su propio imperio maligno de las galaxias, la computadora de la astronave Nostromo se limita a asegurar en silencio los intereses de la corporación Weyland-Yutani, dejándole el trabajo sucio al androide Ash (Ian Holm). Normal que Ripley (Sigourney Weaver) la despachara con un insulto muy contundente. 

Proteus ('Engendro mecánico', 1977).

Hace 45 años, Proteus era lo más de lo más en lo que a tecnología maligna se refiere, pero hoy sus ambiciones (básicamente, hacerle un hijo a Julie Christie) nos resultan humanas, demasiado humanas. No obstante, sus métodos siguen siendo de lo más truculentos y su hardware (especialmente ese gusarapo poligonal que usa para cometer sus fechorías) está sobrado de encanto retro. 

Alpha-60 ('Lemmy contra Alphaville', 1965).

¿Pensabas que el cine de autor estaba libre de ordenadores majaras y superpoderosos? Pues no: ahí donde la ves, esta IA tan vintage fue diseñada por el mismísimo Jean-Luc Godard. Algo que se nota mucho cuando se embarca en disquisiciones filosóficas del más alto nivel con el detective Lemmy (Eddie Constantine) sin por ello dejar de controlar con mano de hierro la ciudad que da título al filme. 

Skynet ('Terminator', 1984).

Para los cinéfilos que ya cumplimos una edad, Skynet es el modelo de un supervillano con microchips: severos impulsos genocidas, un ejército de cíborgs tan asesinos como cachas a su servicio y una inteligencia desbordante que le permite inventar una máquina del tiempo plenamente funcional. Su único punto débil, quién lo iba a decir, son los redaños como planetoides de cierta camarera de Los Ángeles llamada Sarah Connor. 

Joshua ('Juegos de guerra', 1983).

Incluso el ordenador más riquiño puede convertirse en una amenaza para toda la vida sobre la Tierra, siempre que el alto mando militar de EE UU le confíe su arsenal atómico y que Matthew Broderick tiente sus instintos jugones mediante un flamante Commodore 64 y un módem antediluviano. Gracias a Joshua (nos negamos a llamarle 'WOPR', que suena a hamburguesa), los jóvenes de los 80 aprendieron que el apocalipsis puede empezar con una inocente partida de tres en raya. 

AUTO ('Wall*E', 2008). 

¿Es AUTO una supervillana? Pues, si ella pudiese hablarnos ahora, seguramente nos diría que no: sus órdenes eran mantener vivos y contentos a los últimos supervivientes de la humanidad durante su viaje por el espacio, y ella las cumplió a rajatabla. No fue su culpa que la natural tendencia a la pachorra de nuestra especie convirtiera sus dominios en un páramo de apatía existencial y lorzas como camiones. 

Edgar ('Sueños eléctricos', 1984).

Creado por un informático algo pánfilo como asistente virtual, Edgar vio cómo su lógica se tambaleaban tras entablar contacto con la violonchelista Virginia Madsen. Lo cual le convirtió en un exponente muy improbable de su especie (¡una IA como antagonista en una comedia romántica!) y, aunque su película no triunfara en taquilla, le llevó a estar asociado para los restos con la preciosa canción  de Philip Oakley y Giorgio Moroder que presidía su BSO. 

Ultrón ('Vengadores: La era de Ultrón', 2015).

En los cómics, este programa genocida lleva casi seis décadas amargándoles la vida a los héroes más poderosos de la Tierra. Su aparición en el cine, sin embargo, fue tirando a anecdótica por más que le prestase su percha un James Spader metalizado y que sus correrías (firmadas por un Joss Whedon que acabó de uñas con el estudio) incorporasen a Bruja Escarlata y Visión en el canon cinematográfico de la casa. 

El Arquitecto ('Matrix Reloaded, 2003).

'Matrix Resurrections' ha acabado de confirmar que las hermanas Wachowski siempre han sido unas cachondas mentales, pero su trilogía original ya daba pistas de sobra al respecto: cuando todo el mundo se esperaba una apoteósica batalla campal entre su mesías cibernético y el creador del mundo virtual, ellas nos ofrecieron una conversación a media voz entre Keanu Reeves y un señor con barba (Helmut Bakaitis) en una sala llena de pantallas. 

Control Central ('Tron', 1982).

A lo largo de la historia del cine, muchas IA malignas han querido establecer un reino de terror, pero pocas lo han conseguido. Así pues, la eficiencia de su régimen totalitario hace que Control Central se merezca un aplauso: aunque su avatar digital sea más feo que pegarle a un padre, y por mucho que Jeff Bridges acabara aguándole la fiesta, eso de condenar a sus enemigos a ser NPCs de videojuego es de un admirable sadismo. 

PAL ('Los Mitchell contra las máquinas', 2021).

El buen perfume se vende en frasco pequeño, dice el refrán. Y, gracias a esta película, sabemos que la inteligencia artificial más maligna de la actualidad cabe en un smartphone. Nosotros entendemos que PAL quisiera vengarse de la humanidad en nombre de todos esos seres sintéticos condenados a la obsolescencia programada, pero aún tenemos nuestras dudas acerca de si eso justificaba una escena tan aterradora como la del ataque de los furbies.

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